Johnny Hates Jazz – Turn Back the Clock
Sunday, 11 de November de 2007
Con relativa excesiva e incómoda frecuencia se suele asegurar (por parte de absolutos desconocedores en la materia, individuos que hablan casi sin saber de nada pero, eso sí, muy encantados de oírse a sí mismos y más encantados si se puede, de haberse conocido… todo hay que decirlo) que la música popular que se escuchaba durante los años 80 era, ya por aquel entonces, y lo es todavía hoy, un vacío palmario tanto en lo melódico como en lo lírico, y que como fenómeno pop quizás andaba más pendiente de la pseudo adoración empalagosa, el celo exagerado por la imagen y la búsqueda de una apariencia como requisito para optar a una identidad antes que como consecuencia de una etapa creativa con profundidad y honestidad por parte de los intérpretes y autores de la época, fruto quizás de una frivolidad excesiva tanto en la industria como en el mercado.
Así de fácil, sin más; y se quedan tan tranquilos.
Según estas voces, poco más o menos, aquello que sucedió a nivel musical durante aquellos años, llamado por algunos New Wave, Post Punk o, simplemente 80s, no merece casi ni la consideración de recibir el mismo tratamiento que recibe la oferta musical disponible casi 30 años más temprano o más tarde pues, al parecer, aquello no ha sido más que una auténtica amenaza al buen gusto y al arte. Una especie de oasis reservado para el fracaso y la frivolidad… sin razón alguna, por supuesto.

Pues bien; botón de muestra para contradecir tal avalancha de insensatez y de despropósitos vertidos cada vez con mayor asiduidad por los detractores de una época que, pésele a quien le pese, sigue teniendo hoy su vigencia pasadas casi tres décadas de su apogeo, lo constituye esta pieza de coleccionista, piedra angular de la música popular contemporánea de la década comprendida entre 1980 y 1990, heredera del rock y del punk: “Turn Back the Clock“, de Johnny Hates Jazz, del que se extraen por cierto sus más grandes éxitos (“Shattered Dreams” -pieza clave para comprender lo que hoy conocemos como New Wave-, “Turn Back The Clock”, “Listen” y “I Don’t Want To Be A Hero” entre otros…).
Se caracteriza por gozar de una secuencia melódica complementaria e impecable entre canciones que pocos artistas de aquella época (y de hoy) alcanzarían siquiera con meridiano esfuerzo, un contenido lírico optimista y extremadamente refrescante que entusiasma tanto al oyente casual como al fanático histérico, y un color musical cargado de caracterísicas propias de un jazz vocal muy maduro y bien entremezclado con los sonidos de lo moderno, algo no propio de un grupo que se hace llamar precisamente, por paradoja creerá el lector, Johnny Hates Jazz. Un disco que hoy podría ser definido como conceptual tanto en lo melódico como en lo lírico, porque ninguna de sus canciones escapa del estilo instalado por la anterior ni contrasta chocantemente con la siguiente del disco, ni mucho menos los temas de sus letras adoptan las posiciones ridículas a las que nos tienen acostumbrados hoy.
Por todo esto, echar la mirada atrás hacia los años 80 y despreciar este material por desconsideración con el contexto en el que se enmarcan puede ser un auténtico desperdicio absoluto que, sin duda, sea una pésima forma de no aprovechar el gusto que produce la verdadera música. Un desprecio que, sin duda, resulte en una afectación negativa a casi cualquier discografía.
Así como apunta el nombre mismo del álbum que nos ocupa, llevo ya un considerable plazo esperando el momento en que el reloj empiece a marchar hacia atrás, solo para comprobar si algún día tengo la improbable fortuna de recuperar estos sonidos imposibles o, cuando menos, irrepetibles si tenemos en cuenta el panorama actual de la música y el impertubable arraigo del culto a lo clónico y basuriento… Hace ya bastantes días que en mis sueños suena de fondo esta banda sonora.
Algún día…
Infinitamente recomendado y casi obligatorio; abstenerse ruidosos. ;)
Con relativa excesiva e incómoda frecuencia se suele asegurar (por parte de absolutos desconocedores en la materia, individuos que hablan casi sin saber de nada pero, eso sí, muy encantados de oírse a sí mismos y más encantados si se puede, de haberse conocido… todo hay que decirlo) que la música popular que se escuchaba durante los años 80 era, ya por aquel entonces, y lo es todavía hoy, un vacío palmario tanto en lo melódico como en lo lírico, y que como fenómeno pop quizás andaba más pendiente de la pseudo adoración empalagosa, el celo exagerado por la imagen y la búsqueda de una apariencia como requisito para optar a una identidad antes que como consecuencia de una etapa creativa con profundidad y honestidad por parte de los intérpretes y autores de la época, fruto quizás de una frivolidad excesiva tanto en la industria como en el mercado.
Así de fácil, sin más; y se quedan tan tranquilos.
Según estas voces, poco más o menos, aquello que sucedió a nivel musical durante aquellos años, llamado por algunos New Wave, Post Punk o, simplemente 80s, no merece casi ni la consideración de recibir el mismo tratamiento que recibe la oferta musical disponible casi 30 años más temprano o más tarde pues, al parecer, aquello no ha sido más que una auténtica amenaza al buen gusto y al arte. Una especie de oasis reservado para el fracaso y la frivolidad… sin razón alguna, por supuesto.

Pues bien; botón de muestra para contradecir tal avalancha de insensatez y de despropósitos vertidos cada vez con mayor asiduidad por los detractores de una época que, pésele a quien le pese, sigue teniendo hoy su vigencia pasadas casi tres décadas de su apogeo, lo constituye esta pieza de coleccionista, piedra angular de la música popular contemporánea de la década comprendida entre 1980 y 1990, heredera del rock y del punk: “Turn Back the Clock“, de Johnny Hates Jazz, del que se extraen por cierto sus más grandes éxitos (“Shattered Dreams” -pieza clave para comprender lo que hoy conocemos como New Wave-, “Turn Back The Clock”, “Listen” y “I Don’t Want To Be A Hero” entre otros…).
Se caracteriza por gozar de una secuencia melódica complementaria e impecable entre canciones que pocos artistas de aquella época (y de hoy) alcanzarían siquiera con meridiano esfuerzo, un contenido lírico optimista y extremadamente refrescante que entusiasma tanto al oyente casual como al fanático histérico, y un color musical cargado de caracterísicas propias de un jazz vocal muy maduro y bien entremezclado con los sonidos de lo moderno, algo no propio de un grupo que se hace llamar precisamente, por paradoja creerá el lector, Johnny Hates Jazz. Un disco que hoy podría ser definido como conceptual tanto en lo melódico como en lo lírico, porque ninguna de sus canciones escapa del estilo instalado por la anterior ni contrasta chocantemente con la siguiente del disco, ni mucho menos los temas de sus letras adoptan las posiciones ridículas a las que nos tienen acostumbrados hoy.
Por todo esto, echar la mirada atrás hacia los años 80 y despreciar este material por desconsideración con el contexto en el que se enmarcan puede ser un auténtico desperdicio absoluto que, sin duda, sea una pésima forma de no aprovechar el gusto que produce la verdadera música. Un desprecio que, sin duda, resulte en una afectación negativa a casi cualquier discografía.
Así como apunta el nombre mismo del álbum que nos ocupa, llevo ya un considerable plazo esperando el momento en que el reloj empiece a marchar hacia atrás, solo para comprobar si algún día tengo la improbable fortuna de recuperar estos sonidos imposibles o, cuando menos, irrepetibles si tenemos en cuenta el panorama actual de la música y el impertubable arraigo del culto a lo clónico y basuriento… Hace ya bastantes días que en mis sueños suena de fondo esta banda sonora.
Algún día…
Infinitamente recomendado y casi obligatorio; abstenerse ruidosos. ;)
