Magia Contra el Pánico
Friday, 17 de August de 2007
A mi juicio, seguramente una de las cosas más bellas (si no la más bella) de la más tierna y, también, de la menos tierna juventud era el vértigo que se sublimaba cuando se producía una sorpresa. Sorprenderse con todo, fuera algo complejo o fuera algo simple: sorprenderse con el vuelo de un ave, sorprenderse por que las nubes no se cayeran del cielo, sorprenderse con la maldad, sorprenderse con la bondad, sorprenderse con el amor, sorprenderse con lo alto que puede ser un salto, sorprenderse con el miedo, sorprenderse con lo extravagante, sorprenderse con lo común, sorprenderse con lo frívolo, la sorpresa del pánico y así, una y mil veces, ser capacez de sorprendernos por todo.
Quizás por eso no deja de ser emocionante y enternecedor al mismo tiempo conservar algo de aquella capacidad de sorpresa cuando ya se es mayor, tal vez porque recuerda de alguna manera las mismas sorpresas del pasado… o quizás por que, como dijo el poeta, “los sabores que encantan son los de la infancia”.
Esta semana que está a punto de terminar he tenido la ocasión de llevarme una grata y emocionante sorpresa, en formato de noticia, ocurrida en la ciudad donde por ahora vivo en la actualidad. Algo que me ha emocionado y al mismo tiempo ha conseguido conmoverme como no sucedía hace mucho tiempo, y como sí sucedía con mayor frecuencia en tiempos en que, tanto mis pasos como mis tropiezos, me sorprendían por igual.
Al grano:
ABC – Jueves, 16 de agosto de 2007
Magia Contra el Pánico en el Avión.
MADRID. Un vuelo con más de cien pasajeros y, de repente, la noticia de que una viajera, una mujer japonesa, se ha indispuesto y podría sufrir una enfermedad contagiosa. El avión ya ha aterrizado, son las diez de la noche, pero nadie puede desembarcar hasta que el personal médico diagnostique a la paciente. La espera se prevé larga, y los nervios empiezan a cundir entre algunos miembros del pasaje. Esta situación fue real, según relata EFE. Sucedió en un vuelo comercial de la compañía Iberia que el pasado domingo aterrizaba en Barajas procedente de Amsterdam. El «héroe» de la historia también tiene nombres y apellidos reales.
Omar Issa García, mantuvo la cabeza fría. Consciente de que la situación podía empeorar decidió hacer magia para frenar el pánico. Este joven de dieciocho años es un mago que venía de realizar una gira en Jordania. Reside en Madrid y es hijo de un palestino y una española. Cuando observó que los primeros viajeros empezaban a inquietarse, le sugirió a su padre que podría utilizar sus trucos para intentar calmar los ánimos. Tenía listas las herramientas.
Él siempre viaja con tres barajas de 70 céntimos que, según su padre, le regaló su hermano pequeño de «una tienda de todo a cien». Omar contó su idea a los tripulantes de la aeronave, y les pidió permiso para ensayar su plan. Acto seguido, les mostró sus armas, un truco de cartas que los trabajadores saludaron con aplausos. Los pasajeros comenzaron a acercarse al escenario improvisado para contemplar el espectáculo, a medida que olvidaban su intranquilidad. Al poco tiempo, incluso se unió a la «actuación» el comandante de la aeronave, que resultó ser un aprendiz del arte de la magia.
Los juegos, los gestos rápidos de manos y los trucos a los que no se encuentra la trampa se prolongaron durante las cuatro horas que el pasaje estuvo retenido a bordo.
Alucinados.
El padre de este joven, que quiere estudiar Ingeniería, contaba que Omar se enganchó a la magia tras leer un libro del ilusionista Anthony Blake y que, desde entonces, se convirtió en un aprendiz de mago. Quiso profundizar sus conocimientos de este espectáculo y para ello, asistió a varios cursos, con notables resultados.
«En los 19 días que hemos estado en Jordania, ha hecho sus trucos por todos los sitios y ha dejado a la gente alucinada», apuntaba orgulloso su padre.Omar es el primero de la familia en aprender los misterios de la magia. La especialidad de Omar es adivinar cuál es la carta elegida por alguien con la baraja extendida boca a bajo. Ha llegado casi a la perfección a fuerza de ensayos. «Acierta siempre», aseguraba su progenitor.
Mientras que el joven desplegaba sus artes para mantener tranquilo al pasaje, en el aeropuerto se ponía en marcha el protocolo de intervención ante posibles enfermedades contagiosas que establece AENA. Iberia había comunicado al gestor de Barajas la indisposición de la pasajera enferma y se había dado el aviso a los facultativos del servicio de Sanidad Exterior para que estos coordinaran la emergencia. Es el protocolo usual, que se inicia cada vez que la tripulación sospecha que alguien, dentro de una aeronave, podría sufrir una enfermedad contagiosa.
A las dos de la mañana, por fin, los pasajeros abandonaron el avión. Una crisis que se convirtió gracias a Omar en una velada «mágica».
Algunos dirán tras leer esta noticia, que Omar es un estúpido, un payaso o un charlatán… otros pensarán que es un virtuoso. Los primeros, casi por seguro, han perdido la capacidad de sorprenderse, o ya casi nada les sorprende. A los otros, todavía, la parte mágica del tedio insoportable de la rutina de todos los días puede parecernos cautivante y, sobre todo, sorprendente.
Me encanta saber que formo parte de los segundos ;)
A mi juicio, seguramente una de las cosas más bellas (si no la más bella) de la más tierna y, también, de la menos tierna juventud era el vértigo que se sublimaba cuando se producía una sorpresa. Sorprenderse con todo, fuera algo complejo o fuera algo simple: sorprenderse con el vuelo de un ave, sorprenderse por que las nubes no se cayeran del cielo, sorprenderse con la maldad, sorprenderse con la bondad, sorprenderse con el amor, sorprenderse con lo alto que puede ser un salto, sorprenderse con el miedo, sorprenderse con lo extravagante, sorprenderse con lo común, sorprenderse con lo frívolo, la sorpresa del pánico y así, una y mil veces, ser capacez de sorprendernos por todo.
Quizás por eso no deja de ser emocionante y enternecedor al mismo tiempo conservar algo de aquella capacidad de sorpresa cuando ya se es mayor, tal vez porque recuerda de alguna manera las mismas sorpresas del pasado… o quizás por que, como dijo el poeta, “los sabores que encantan son los de la infancia”.
Esta semana que está a punto de terminar he tenido la ocasión de llevarme una grata y emocionante sorpresa, en formato de noticia, ocurrida en la ciudad donde por ahora vivo en la actualidad. Algo que me ha emocionado y al mismo tiempo ha conseguido conmoverme como no sucedía hace mucho tiempo, y como sí sucedía con mayor frecuencia en tiempos en que, tanto mis pasos como mis tropiezos, me sorprendían por igual.
Al grano:
ABC – Jueves, 16 de agosto de 2007
Magia Contra el Pánico en el Avión.MADRID. Un vuelo con más de cien pasajeros y, de repente, la noticia de que una viajera, una mujer japonesa, se ha indispuesto y podría sufrir una enfermedad contagiosa. El avión ya ha aterrizado, son las diez de la noche, pero nadie puede desembarcar hasta que el personal médico diagnostique a la paciente. La espera se prevé larga, y los nervios empiezan a cundir entre algunos miembros del pasaje. Esta situación fue real, según relata EFE. Sucedió en un vuelo comercial de la compañía Iberia que el pasado domingo aterrizaba en Barajas procedente de Amsterdam. El «héroe» de la historia también tiene nombres y apellidos reales.
Omar Issa García, mantuvo la cabeza fría. Consciente de que la situación podía empeorar decidió hacer magia para frenar el pánico. Este joven de dieciocho años es un mago que venía de realizar una gira en Jordania. Reside en Madrid y es hijo de un palestino y una española. Cuando observó que los primeros viajeros empezaban a inquietarse, le sugirió a su padre que podría utilizar sus trucos para intentar calmar los ánimos. Tenía listas las herramientas.
Él siempre viaja con tres barajas de 70 céntimos que, según su padre, le regaló su hermano pequeño de «una tienda de todo a cien». Omar contó su idea a los tripulantes de la aeronave, y les pidió permiso para ensayar su plan. Acto seguido, les mostró sus armas, un truco de cartas que los trabajadores saludaron con aplausos. Los pasajeros comenzaron a acercarse al escenario improvisado para contemplar el espectáculo, a medida que olvidaban su intranquilidad. Al poco tiempo, incluso se unió a la «actuación» el comandante de la aeronave, que resultó ser un aprendiz del arte de la magia.
Los juegos, los gestos rápidos de manos y los trucos a los que no se encuentra la trampa se prolongaron durante las cuatro horas que el pasaje estuvo retenido a bordo.
Alucinados.
El padre de este joven, que quiere estudiar Ingeniería, contaba que Omar se enganchó a la magia tras leer un libro del ilusionista Anthony Blake y que, desde entonces, se convirtió en un aprendiz de mago. Quiso profundizar sus conocimientos de este espectáculo y para ello, asistió a varios cursos, con notables resultados.
«En los 19 días que hemos estado en Jordania, ha hecho sus trucos por todos los sitios y ha dejado a la gente alucinada», apuntaba orgulloso su padre.Omar es el primero de la familia en aprender los misterios de la magia. La especialidad de Omar es adivinar cuál es la carta elegida por alguien con la baraja extendida boca a bajo. Ha llegado casi a la perfección a fuerza de ensayos. «Acierta siempre», aseguraba su progenitor.
Mientras que el joven desplegaba sus artes para mantener tranquilo al pasaje, en el aeropuerto se ponía en marcha el protocolo de intervención ante posibles enfermedades contagiosas que establece AENA. Iberia había comunicado al gestor de Barajas la indisposición de la pasajera enferma y se había dado el aviso a los facultativos del servicio de Sanidad Exterior para que estos coordinaran la emergencia. Es el protocolo usual, que se inicia cada vez que la tripulación sospecha que alguien, dentro de una aeronave, podría sufrir una enfermedad contagiosa.
A las dos de la mañana, por fin, los pasajeros abandonaron el avión. Una crisis que se convirtió gracias a Omar en una velada «mágica».
Algunos dirán tras leer esta noticia, que Omar es un estúpido, un payaso o un charlatán… otros pensarán que es un virtuoso. Los primeros, casi por seguro, han perdido la capacidad de sorprenderse, o ya casi nada les sorprende. A los otros, todavía, la parte mágica del tedio insoportable de la rutina de todos los días puede parecernos cautivante y, sobre todo, sorprendente.
Me encanta saber que formo parte de los segundos ;)

