Sueño Stereo: Tratado sobre el Pop de Alta Fidelidad.
A Detlef Holtz, El Visionario.
Orfeo
Stereo
¿Pueden dos personas soñar en stéreo? Cuestión clave de la telepatología si las hay. Pero también de la religión, el erotismo, el psicoanálisis y la realidad virtual. La duda siempre está puesta sobre el poder de los medios que se utilizan para comunicar: básicamente, sobre el lenguaje. Por eso, hemos llegado a la poesía (o sea, al arte de perfeccionar una lengua hasta que logre decir un sueño).
Por eso, seguimos fieles a la música, “el último lenguaje que comparten todos los hombres después de la construcción de la Torre de Babel y la separación de los idiomas”. Pero, al final, ¿alguna vez la comunicación de un sueño tiene lugar realmente? “Disco eterno”, la canción 2 de “Sueño Stereo”, decreta que “Entre los dos / pasa un meridiano / latitud de vidas paralelas”. Si desde que se descubrió el inconsciente, se sabe que cada cual -cada cual- atiende a su sueño, en la canción se encuentra una solución a la fatal separación entre el soñar de una persona y el de otra. “Abrir el sueño stereo / crear la dimensión” canta Cerati. Esa dimensión que une las vidas paralelas es virtud de la música y la relación (amorosa) entre dos personas. “Me voy desnudando / con cada sonido / cuando este deseo crece”.
Así es cómo se llega a la “Alta Fidelidad”, metáfora, a la vez, de la comunión en el amor y la música. De ahí los pares de opuestos complementarios que se conectan en el diseño interior de la tapa del disco: disco & cassette, carne & hueso, agua & fuego, y causa & efecto. Si esas esposas carcelarias -que nos fuerzan a atarnos a otro por más atados a nosotros mismos que estemos- se rompen al abrir las páginas centrales, la tapa da en la clave conceptual del LP. Hoy la música es una reproducción de sonidos, y no hay reproducción sin óvulos y espermatozoides. La música no puede ser sino erótica (Cerati entona que el amor es una frecuencia).
Lo dice el mito: Orfeo, aquel griego despechado, gracias a la música de su lirita logró apaciguar a los guardias del infierno para rescatar por fin a su amada. De eso habla “Sueño Stereo”: de la posibilidad de conectar entre sí dos sistemas de percepciones distintos a través de la música. Crear una “interfase poética”, no sólo entre los miembros de una pareja, sino también entre un grupo Pop y su audiencia masiva.
Refugio
Stereo
“Nexo entre tu piel y mi piel / te veo toda a la luz del sol”
(“Sexo”, Luis Alberto Spinetta)
En “Sueño Stereo”, la Luna es un refugio, como la Planta, y ambos son femeninos. El “cuerpo lunar, refugio celestial” (”Crema de estrellas”) y el “amor vegetal” (“Planta”), le pertenecen a la calma que sólo la mujer puede proporcionar. Calma: sinónimo de seguridad (“tener amarrados los pies”, “prefiero seguir tus pasos”) e “inmensa quietud”. Es la única capaz de apaciguar la sed y las ansias, permitiéndole a la voz suavizarse para cantar. Las texturas de esa calma ideal son la crema y el moirè. Por oposición, la textura de la pasión y sus reflejos tempestuosos no pueden ser sino la electricidad de la tormenta. Los días agitados por las tempestades o tormentas de la pasión y la ansiedad quiebran la calma. Y el acto de quebrarla, duele, se paga y hiere.
El mal de alturas y los juegos de azar (dos formas de nombrar la pérdida del sentido de la realidad), junto con la estática que provoca la tormenta, interfieren en la relación entre dos personas. (“No querría lastimarte de nuevo” / “Me resisto a empujarte a otro juego de azar”). La calma femenina, entonces, es un ojo en la tormenta. Escotilla cerrada, afuera la tempestad del mundo suena en truenos lejanos. “Sueño Stereo” es anti-machista. Como en “Amor amarillo”, de lo que se trata no es de penetrar a una mujer, sino de sumergirse en ella. Así se unen los opuestos en “el mar de la fertilidad”, donde el sol se abisma en un loop tornasolado. Por fin, una psicodelia protegida.
Zen
Stereo
“Ella usó mi cabeza como un revólver” no nos convence con las convenciones de ningún género establecido porque suena como un macro porno intenso, mucho más que a toda orquesta. Temáticamente es una de las canciones de amor menos machistas que escuchamos en estos últimos tiempos. Junto con “Muchacha ojos de papel” (Almendra, 1970) y “Ella vendrá” (Don Cornelio, 1987), forma el trípode de los hits más dignos artísticamente que los argentinos tuvimos la suerte de disfrutar. El trío fue capaz de despellejarle la cáscara de slogan que tiene todo estribillo de hit. Así descubrió una espiga de poesía puesta a circular por la trilladora del mercado. En un formato publicitario donde otros prefieren ejercer la demagogia de un cántico de fútbol, el título “Ella usó mi cabeza como un revólver”, esa metáfora sola, ya es poesía pura. Una pastilla de zen instantáneo al alcance de todos: en la radio y la tv, en los parlantes públicos y en los walkmans.
Salud
Stereo
Nunca con manifiestos generacionales, ni moralejas filosóficas, ni mensajes sociales: cuando Soda Stereo usa nuestras cabezas como revólveres sólo aprieta el gatillo de la metáfora y el “afecto de sonido” oportunos. Su responsabilidad es la de tener en cuenta que el Pop es una rama de la salud pública. Saber que una canción puede manipular durante los minutos que dure los sentimientos y sensaciones de la persona que escucha. Ninguna canción de “Sueño Stereo” termina de adaptarse del todo -estructural, temática o sonoramente- al Simulcop de sensaciones y sentimientos del Rock & Pop en uso. Una canción de amor lenta y triste como “Efecto Doppler” no es blues ni reggae ni balada; sólo la cadencia de una melancolía que va dragándonos. Y “Zoom” (la más “pegadiza” del disco), ¿qué es “Zoom”? ¿Una tarantela-country-glam-beat-tecno? Recordemos que en el Pop la gente ratifica qu&eactue; y cómo vale la pena sentir porque ya fue válido como forma artística. Soda Stereo últimamente ayuda a abrir los sueños estereotipados para crearles nuevas dimensiones y frecuencias.
Sonido
Stereo
Ese acorde que permite mirarse a los ojos (del que habla “Angel eléctrico”), por un lado. Por el otro, esos sonidos que desnudan a quien es víctima del deseo (repasen los versos de “Disco Eterno”). Ambos representan los dos materiales musicales básicos con que Soda Stereo cocina Pop. Uno sería la armonía del acorde. El otro, la licencia poética del sonido. El acorde (el acuerdo) es un sentido común de la música convenido por nuestra cultura. Un Mi menor, por ejemplo, nos pone automáticamente tristes, así como un La mayor nos levanta el ánimo enseguida. El sonido, en cambio -y especialmente tras ganar timbres inusitados con la era electrónica-, debería aparecer siempre tan incomparable, tan único, como un color y un perfume, en palabras de Brian Eno.
Cuanto más inaudito, más “afectivo” ser (es decir, mejor nos transmitirá un afecto del que no nos creíamos capaces). Desde “Canción Animal” y los aportes conceptuales de Daniel Melero, Cerati- Bosio-Alberti se comunican a través de acordes y ritmos reconocibles. Y a la vez, intentan “shockearnos” con “afectos de sonidos” inauditos (sin derivar en ruidos que interfieran, por supuesto). El equilibrio entre comunicación y “shock” radica en una nueva comunión: en el unísono de la “Alta Fidelidad” tendida entre el artista pop y su público.
Onomatopeya
Stereo
Ian Penman, uno de los mejores críticos de rock ingleses, nunca pudo dar con el adjetivo exacto para describir una canción. Decidió entonces escribir: “Cualquiera que sea el antónimo de “Barrido por el viento”, ése tiene que ser el adecuado para esta canción de Big Star”. La verdad que tal comparación no me ha develado el secreto sobre cómo suena esa canción. Pero al menos, suena a una revelación que trata de hacerle justicia. ¿Alguna vez pensaste cuál es el antónimo de “Barrido por el viento”? Describir una música, o mejor dicho, lo que nos sugiere: ésa ha sido una de las tareas más ingratas y torpes del periodismo musical. Y también, uno de los esfuerzos que lo acercan a las incertidumbres de la poesía.
Cerati confiesa que escribirle letras a sus canciones le abruma. “Es una situación un poco tortuosa, para mí, escribir. Me dedico siempre, dos o tres días, a concentrarme para hacer las letras interpretando lo que la música ya generó. Me fabrico una situación en la que consigo ponerme como un actor a interpretar lo que la música me quiere decir.” Como letrista el cantante, ¿no sería un poco como un crítico de rock? Cerati lee la letra en la onomatopeya de la música. Revela la canción que le esconde cada tema. Así nos hace participar de su sensibilidad. Aquella con la cual palpó moirè en la laxitud etnotécnica de “X-Playo”, se descubrió paseando por Roma en los travellings de un funk con lanolina y oyó mareado al mar en el burbujeo de “Pasos”.
Sodio
Stereo
Sucede antes que el tamborileo del agua acompase groove con un trueno. Las tormentas suelen entreabrir nervaduras de látigo en el índigo cerrado. Hay un color blanco único destinado a la luz de esas nervaduras del cielo. Un blanco que, de chico, se me hacía como de colmillo líquido. Pero no: es aún más, más específico.
Habría que simular una mejor precisión al comparar. Qué mejor que recurrir al catálogo de la química, entonces, usarlo como un imaginario. La canción “Angel eléctrico” nombra como “un árbol color sodio” a esa nervadura blanquísima. Debieron haber sido tachadas otras posibilidades: “árbol color magnesio”, “árbol color fluor”, “árbol color láser”, “árbol color neón”. Si esta última versión hubiera arruinado la iluminación por completo, ni qué decir de haber optado por cantar “Hay un rayo en el cielo”. Por suerte, semejante lugar común es imposible en el contexto de “Sueño Stereo”. Un disco donde las referencias a “loops”, “zooms”, “efectos Doppler”, “tornasoles” y “PHs” sugieren visiones poéticas -qué paradoja- mediante imaginarios científicos.
Sospecha
Stereo
El Súper Grupo Pop Soda Stereo reviste de nuevas metáforas y sonidos inauditos a los típicos tópicos de la canción de amor. Detrás de este gesto, nada de regodeo en el hermetismo. Mucho menos un plan subversivo, claro. De lo que se trata más bien es de permitir el viso eventual de una sospecha. La de que todo podría ser vivido también de otra manera.
Zoom
Stereo
En momentos de incertidumbre y supervivencia, Soda Stereo atraviesa la hiper-historia desde el ojo de la tormenta, como una piedra en el agua. No promueve frívolamente el merchandising revolucionario en boga, remera del Che Guevara mediante. No ofrece falsas revoluciones para los males de este mundo. No arenga. Prefiere los zooms anatómicos que sólo la experiencia poética (que luego en una canción toma forma de palabras y/o sonidos) es capaz de aportarle al pop. Estos zooms que depuran los sentidos al punto de que hasta el PH de una saliva amada podría ser reconocido e inolvidable.
Pablo Schanton, Agosto de 1995.
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Pablo Schanton es periodista de reconocida trayectoria y crítico de música popular. En la actualidad escribe en el suplemento Espectáculos del diario Clarín de Buenos Aires, programa el ciclo Post Post sobre nueva música alemana en el Instituto Goethe de Buenos Aires y dá clases en el Centro Cultural Rojas. Trabaja como letrista y es el disc-jockey tras el seudónimo DJJJ dentro del colectivo Agencia de Viajes que pone en escena instalaciones sonoras.
Escribe Sueño Stereo: Tratado sobre el Pop de Alta Fidelidad por encargo de la compañía discográfica que, luego, lo agregaría al dossier de prensa que acompañó al disco en su presentación ante los medios en 1995.