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Wordle

18 de Agosto de 2008
Wordle
kozumel’s delicious tag cloud as of 2008.08.18, by Wordle


Wordle - Beautiful Word Clouds

“Wordle is a toy for generating “word clouds” from text that you provide. The clouds give greater prominence to words that appear more frequently in the source text. You can tweak your clouds with different fonts, layouts, and color schemes. The images you create with Wordle are yours to use however you like. You can print them out, or save them to the Wordle gallery to share with your friends.”
 

That’s it :)

UNIQLOCK

16 de Agosto de 2008

Un reloj que, a su vez, es también un anuncio publicitario y un salvapantallas con un reclamo muy atractivo, una creatividad sencilla y una banda sonora fantástica conducida por el paso del tiempo ya que el ritmo de la música lo marca el segundero (nunca el viejo conocido y aburrido tic-tac fue tan ameno).

Estoy mirando la manera de convertirlo en mi reloj desperetador de ahora en adelante… seguro que los días serán más alegres.

Sencillamente divertido ;)

WIRED Magazine:
« Inconvenient Truths: Get Ready to Rethink What It Means to Be Green »

18 de Junio de 2008

WIRED Magazine: « Inconvenient Truths: Get Ready to Rethink What It Means to Be Green »

Según parece, el ser "verde" o presumir de "ambientalista" cotiza a la baja y va consolidándose, cada día que pasa, más como el resultado del ejercicio continuado del sentido común, antes que el equivocado agit-prop ecologista que todavía se empeñan en vendernos algunos marginales afanados por disfrutar cuanto antes de sus 15 minutos de fama, al tenor de lo demostrado por el interesante análisis que nos brinda la revista WIRED, firmado impecablemente el 19 de Mayo de 2008: «Inconvenient Truths: Get Ready to Rethink What It Means to Be Green». Algo que, por otro lado, ya se venía asegurando estoicamente por algunos outsiders del dogma de fe del cambio climático, incluyendo al mismo Patrick Moore, miembro co-fundador de Greenpeace y una de las voces más críticas que se ha alzado en los últimos años contra la propaganda para la que se utilizan dicha Organización y el citado fenómeno medioambiental.

Básicamente las tesis sobre las que se funda aquel famoso dogma de fe, apuntan inequívocamente a que existe un cambio brusco y anormal en el comportamiento del clima durante las últimas décadas, que está siendo alimentado por la acumulación de cierto tipo de gases en la atmósfera que favorecen a su vez el llamado “efecto invernadero” (…por cierto: todas estas siguen siendo cuestiones de dudosísima veracidad, puestas en tela de juicio por nombres altamente reputados dentro del entorno científico y socioeconómico — al final, ¿qué sería de la ciencia sin la duda?) y que, además, el único culpable todopoderoso de esta tragedia sea el ser humano, o mejor dicho, la funesta consecuencia del impacto de la implantación del modelo capitalista sobre el medio ambiente. Sencillamente, todo el que piense lo contrario o formule siquiera una mínima duda a este planteamiento, puede ser considerado un blasfemo del sigo XXI y condenado a cicuta o destierro.

Si todo lo anterior fuera cierto, tajantemente, no quedaría más remedio que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provocadas por el hombre. Es decir: cambiar el establishment tal y como se viene intentando, a veces discretamente, a veces descaradamente. En este escenario la verdad parece absoluta y sin lugar a dudas: todo lo que emita poco más o poco menos CO2 deberá ser reducido a mínimos, cuando no aislado de forma definitiva sin derecho a réplica, afectando con ello la producción de las grandes (y las pequeñas) factorías, el aprovechamiento y la utilización de los recursos naturales, la ingeniería genética y el modelo de vida urbana que se ha venido perfeccionado a lo largo de los últimos siglos en las sociedades civilizadas, entre otros innegables avances.

Pues bien, ahora empiezan a aflorar voces, estudios y ensayos de la más contrastada credibilidad, que demuestran cómo no todo resulta tan absoluto como los interesados y su entorno mediático han estado repitiendo sin parar durante los últimos dos lustros, para que la farza se convierta en realidad a fuerza de repetición… otra cosa será que el famoso CO2 tenga o no tenga nada que ver con el problema, y que sea precisamente el desarrollo del hombre el único culpable; eso está todavía pendiente de confirmar.

Sencillamente, el intento por mitigar el impacto que se produce como resultado de nuestro periplo vital en el planeta que nos acoge no parece ser una cuestión de aparentar ser ecológicamente amigable con nuestro entorno para estar a la última, al uso de histéricas manifestaciones antisistema más propias de cavernícolas poseídos, o disfrazarse de gorila anti-gillete enarbolando ferozmente la lucha contra el agua y el jabón, sino que, más bien, es una cuestión de serlo día tras día, poniendo en práctica pequeñas acciones al alcance de todos en el mundo real y apoyando planteamientos socioeconómicos sostenibles, que algunos todavía insisten en tachar de perjudiciales cuando cada día que pasa pierden un poco más de su obstinada razón… o sinrazón.

Algo para lo cual las corrientes del pensamiento dogmático más radical no están preparadas. Nosotros, los demás, afortunadamente llevamos ya varios años de ventaja ;)

“It’s a shame”.

2 de Enero de 2008

Es una vergüenza“, fueron las palabras que espetó escuetamente el señor Oliver Stone en su idioma cuando se dió por enterado (o cuando, seguramente, algún alma caritativa que se había enterado mucho antes que él, tuvo la gentileza de avisarle que no siguiera haciendo el ridículo…), del final de la patraña terrorista con la que se había obsesionado don Hugo Chávez y su extenso séquito de reputados estómagos agradecidos, quienes pretendían acabar el año 2007 brindando en el nombre de lo que hubiera sido, sin duda, el más estruendoso fracaso de la democracia y las instituciones colombianas, disfrazándole como un sonado éxito de las libertades en Latinoamérica. Decía el personaje en cuestión que la supuesta interferencia por parte del Gobierno de Colombia en la humillación, con máscara de negociación política, ante los criminales era a su juicio, simplemente, una vergüenza.

Pero probablemente no había nada más disonante con el barniz de mérito con el que se estaba almibarando toda esta pantomima, señor Stone: la genuflexión es un gesto de humildad reservado para su demostración ante las deidades, que jamás ha de convertirse en un símbolo de humillación hacia el crimen ni de sometimiento por parte de algunos ante las bajezas más primitivas de otros mortales. Ello enaltece al asesino al mismo tiempo que degrada a toda la humanidad que se precie vivir en libertad.

Lo que ha estado aconteciendo durante los últimos estertores del año 2007 en el, todavía, territorio colombiano (y sus linderos), debería parecer vergonzoso a todos quienes llevamos el pasaporte de aquella Nación, y a todos aquellos que todavía conserven siquiera una pizca de dignidad en este poluto planeta. La propaganda de la extorsión y la apología del crimen organizado a la que hemos asistido entre los días 10 de diciembre de 2007 y 1 de enero de 2008 es, como mínimo, ruborizante, reprochable y vergonzante para quienes que se precian de vivir en un entorno libre, de la misma manera que se les llena la boca al prodigarse hablando de democracia, igualdad y la justicia en occidente. Es, sin lugar a dudas, escandaloso el que un grupo narcoterrorista, con remotísimos (y hoy completamente olvidados) orígenes en el comunismo caduco de principios de siglo XX, se presente ahora como los salvadores de la Patria, en Colombia. Un país que lleva más o menos 75 años desangrándose por su propia culpa, padeciéndoles, sin que nada ni nadie haga nada por remediarlo… hasta ahora.

Suena estúpido, pero no lo es. Es Macondo: casi cualquier cosa puede pasar por ridículo que parezca. Y, aunque pareciera ridículo, tampoco lo es. Es Colombia, la cuna del realismo mágico.

En definitiva, una máscara de oxígeno para un cuartel de terroristas y asesinos.Mientras la comunidad internacional ha pasado de perfil durante décadas, tratando de salvar innumerables causas perdidas —resulta paradójico, e incluso lagrimante, el hecho de que el mundo lleve ya demasiados lustros mirando a otro lado cuando se hable conflicto colombiano, pues es éste el mismo conflicto que alimenta más de las dos terceras partes del tráfico de drogas en el planeta y que, tan sólo desde 1985, arroja la estremecedora cifra de casi cien mil muertos, poco menos de seis mil desaparecidos y más de cuatro millones de desplazados por causa de cualquier forma de extorsión y violencia derivados de la desgracia que nos ocupa—, aquel país se ha estado desangrando lenta pero constantemente por la misma culpa de los que hoy aparecen en los medios del mundo entero haciendo la propaganda del “terrorismo bueno” a cambio de la instalación de un régimen pseudo-cubano en Colombia y Latinoamérica entera contando con el, tan inesperado como desafortunado, aval de nobles naciones y embaucadores de dudosa trayectoria. En definitiva, una máscara de oxígeno para un cuartel de terroristas y asesinos colombianos que casi se encontraban a punto de la rendición absoluta hace tan sólo unas pocas semanas o pocos meses, a lo sumo.

No se sabe muy bien qué resulta peor cuando se asiste a este triste episodio: si ser testigo de cómo Colombia deriva en esta vorágine desastrosa que le llevará, sin lugar a dudas, a la más profunda de sus crisis dentro de no mucho tiempo en caso de no actuar oportunamente y reencausar el curso, o si el contemplar cómo las naciones amigas y desarrolladas (o que se precian tanto de lo uno como de lo otro), no terminan de hacer nada por denunciar, perseguir y castigar internacionalmente a los mismos criminales que llevan más de medio siglo extorsionándonos, secuestrándonos, matándonos, desplazándonos y sometiéndonos a todo tipo de vejámenes a cambio de su tranquilidad para proteger un negocio de droga, mafia y crimen muy bien organizados.

Es lamentable ver cómo un país con unos poderes elegidos y constituidos democráticamente dentro del marco constitucional, aprobado por voluntad directa del pueblo, constituyente primario en 1991, la que muy seguramente sea la democracia más sólida durante los últimos 200 años de la parte hipanoparlante del continente americano, se encuentre hoy a la merced de las bendiciones o condenas que haga públicas un grupo terrorista, un vecino dictador de iure y una corte de despojos agradecidos rescatados de la política, las artes y otras escombreras varias. Todo esto aderezado, desgraciadamente, con el dolor de los familiares de secuestrados en manos de los criminales que hoy se venden como víctimas de sus propios atropellos… Desgraciadamente en tanto ha dejado de ser un dolor íntimo y familiar para convertirse en una propaganda política que trasciende su ámbito más privado, transformándose en un asunto de Estado que favorece los intereses electoralistas de según quién convenga.

No se aprecia el que la mayor parte de las cerca de cinco mil familias afectadas por el secuestro de sus familiares a manos de los asesinos que hoy transigen con los señores Chávez, Stone y Kirchner, en algunos casos desaparecidos desde hace ya décadas, se manifiesten ni se pronuncien, ni que se pongan en contacto con el parlamentario corrupto, o el títere extranjero de turno como lo han estado haciendo durante los últimos años los familiares de reputados desaparecidos que, en vez de pensar en la nación que dicen representar y su soberanía, prefieren actuar en algunos casos sin el más mínimo pudor en nombre de sus intereses particulares, pues el día que sus familiares recuperen su libertad,Si señor Stone, al final va usted a tener razón: todo esto es una vergüenza. muy seguramente, optarán por el asilo político o la representación diplomática en algún país industrializado en donde poder cultivar a sus hijos en letras e idiomas, mientras que la tragedia de los que sigan secuestrados en Macondo perdurará hasta más allá del olvido.

Mientras que en Colombia hay más de cinco mil desaparecidos por causa del conflicto criminal que la azota, sólo se negocia la libertad (con suerte) de cuarenta y seis de ellos, a cambio de liberar a un número aún indeterminado de hampones, criminales, asesinos, terroristas y narcotraficantes de la más miserable calaña, plagando con ello las calles de las ciudades colombianas de sujetos que, dudosamente, habrán de reinsertarse en la misma sociedad civil a la que le apuntaban con sus armas tan sólo unos días antes… o probablemente terminen por cubrir las vacantes en las más reconocidas Universidades francesas, como se ha ofrecido recientemente por parte del gobierno galo en su plan de acogida ofrecido a Monsieur Marulanda, en alocución directa desde el Elíseo a los campamentos del crimen organizado en las selvas colombianas.

Y pasarán otros 75 años, solos…

Si señor Stone, al final va usted a tener razón: todo esto es una vergüenza.

Johnny Hates Jazz - Turn Back the Clock

11 de Noviembre de 2007

Con relativa excesiva e incómoda frecuencia se suele asegurar (por parte de absolutos desconocedores en la materia, individuos que hablan casi sin saber de nada pero, eso sí, muy encantados de oírse a sí mismos y más encantados si se puede, de haberse conocido… todo hay que decirlo) que la música popular que se escuchaba durante los años 80 era, ya por aquel entonces, y lo es todavía hoy, un vacío palmario tanto en lo melódico como en lo lírico, y que como fenómeno pop quizás andaba más pendiente de la pseudo adoración empalagosa, el celo exagerado por la imagen y la búsqueda de una apariencia como requisito para optar a una identidad antes que como consecuencia de una etapa creativa con profundidad y honestidad por parte de los intérpretes y autores de la época, fruto quizás de una frivolidad excesiva tanto en la industria como en el mercado.

Así de fácil, sin más; y se quedan tan tranquilos.

Según estas voces, poco más o menos, aquello que sucedió a nivel musical durante aquellos años, llamado por algunos New Wave, Post Punk o, simplemente 80s, no merece casi ni la consideración de recibir el mismo tratamiento que recibe la oferta musical disponible casi 30 años más temprano o más tarde pues, al parecer, aquello no ha sido más que una auténtica amenaza al buen gusto y al arte. Una especie de oasis reservado para el fracaso y la frivolidad… sin razón alguna, por supuesto.

Pues bien; botón de muestra para contradecir tal avalancha de insensatez y de despropósitos vertidos cada vez con mayor asiduidad por los detractores de una época que, pésele a quien le pese, sigue teniendo hoy su vigencia pasadas casi tres décadas de su apogeo, lo constituye esta pieza de coleccionista, piedra angular de la música popular contemporánea de la década comprendida entre 1980 y 1990, heredera del rock y del punk: “Turn Back the Clock“, de Johnny Hates Jazz, del que se extraen por cierto sus más grandes éxitos (”Shattered Dreams” -pieza clave para comprender lo que hoy conocemos como New Wave-, “Turn Back The Clock”, “Listen” y “I Don’t Want To Be A Hero” entre otros…).

Se caracteriza por gozar de una secuencia melódica complementaria e impecable entre canciones que pocos artistas de aquella época (y de hoy) alcanzarían siquiera con meridiano esfuerzo, un contenido lírico optimista y extremadamente refrescante que entusiasma tanto al oyente casual como al fanático histérico, y un color musical cargado de caracterísicas propias de un jazz vocal muy maduro y bien entremezclado con los sonidos de lo moderno, algo no propio de un grupo que se hace llamar precisamente, por paradoja creerá el lector, Johnny Hates Jazz. Un disco que hoy podría ser definido como conceptual tanto en lo melódico como en lo lírico, porque ninguna de sus canciones escapa del estilo instalado por la anterior ni contrasta chocantemente con la siguiente del disco, ni mucho menos los temas de sus letras adoptan las posiciones ridículas a las que nos tienen acostumbrados hoy.

Por todo esto, echar la mirada atrás hacia los años 80 y despreciar este material por desconsideración con el contexto en el que se enmarcan puede ser un auténtico desperdicio absoluto que, sin duda, sea una pésima forma de no aprovechar el gusto que produce la verdadera música. Un desprecio que, sin duda, resulte en una afectación negativa a casi cualquier discografía.

Así como apunta el nombre mismo del álbum que nos ocupa, llevo ya un considerable plazo esperando el momento en que el reloj empiece a marchar hacia atrás, solo para comprobar si algún día tengo la improbable fortuna de recuperar estos sonidos imposibles o, cuando menos, irrepetibles si tenemos en cuenta el panorama actual de la música y el impertubable arraigo del culto a lo clónico y basuriento… Hace ya bastantes días que en mis sueños suena de fondo esta banda sonora.

Algún día…

Infinitamente recomendado y casi obligatorio; abstenerse ruidosos. ;)